acto 7 { ESTRO-ESTIMULACIÓN } la expresión del Ideograma W contra el Sentido Común Patriarcal

{polipoéticas en la academia
Las Mujeres de la Imprenta, una comunidad formada por encargadas de revisiones editoriales, impresoras, libreras, editoras, archiveras y críticas, feministas y/o lesbianas, que se reunían en Washington D.C. en la década de los 80 y que discutían cuestiones de supervivencia, afirmaban en la primera convocatoria de esas reuniones que la supervivencia del movimiento de las mujeres, como la de cualquier movimiento revolucionario, depende directamente de nuestra red de comunicaciones. En la Conferencia de apertura del Simposio de Estudios Feministas de Literatura en la Universidad de Minnesota, Minneapolis, en el año 1981, la poeta y activista Adrienne Rich <9> presentó un texto bajo el título Hacia una crítica más feminista en el que daba a conocer la existencia de Las Mujeres de la Imprenta y exponía la idea de que existe una conocida división en la cultura literaria occidental entre el ‘establishment’ literario, que representa valores tradicionales y de clase media, y una ‘vanguardia’ que se ha percibido a sí misma de diversas formas: como algo que desafía ideas y formas arraigadas, que se mofa de las reglas, que destroza el yambo, que publica pequeñas revistas opuestas a la moda del sistema actual. Y que a veces, pero no siempre, la ‘vanguardia’ literaria ha sido también políticamente radical.
De hecho, no es casualidad que esta poeta y activista colaborara con mujeres que se reunían con el sano objetivo de dinamitar la estructura de un lenguaje poderosamente reaccionario. El flujo de la palabra escrita y hablada es una cuestión de supervivencia para estas revolucionarias: saben que si consiguieran arrebatarles el derecho a expresarse tal y como se perciben permanecerían muertas en vida. Los planteamientos llevados a cabo por Adrienne Rich junto con sus compañeras de imprenta a lo largo de su intensa y larga andadura intelectual son considerados sin duda políticamente radicales dentro de la academia. Pero yo diría que lo más radical es la manera que tiene de expresarlos públicamente. Con la poesía como herramienta de supervivencia nos introduce en la selva de un pensamiento que se niega a ser patriarcalmente civilizado. Es con ella con quien me identifico, en quien me reconozco cuando desatado el temporal ideológico las palabras caen con fuerza desde mi azotea, se golpean contra el suelo asfaltado de lo políticamente correcto y después de un enorme esfuerzo se levantan fortalecidas intensificando así el sentido de su propio significado, intensificando el sentido de lo que deseo contar, de lo que soy y no soy. La letra escrita se desplaza, avanza segura hacia su objetivo pero retrocede ante el buitre que espera que la tinta como la sangre de los cuerpos vencidos termine por enfriarse y agotarse.
Hay quienes leen lo que las poetas escribimos y callan porque saben que el silencio, la ausencia de respuestas críticas y dinámicas nos lleva al ostracismo, al aislamiento. Hay quien no responde porque aunque quisiera no se atreve a desatar el temporal que como una tormenta de verano se contiene hasta que las nubes negras claman por el peso de su carga y revientan. Por suerte hay quienes nos recuerdan que nuestro empeño por escribir poesía les estimula y les aviva el ánimo. La crítica, todo tipo de crítica, no sólo la literaria, sin duda sirve para que sigamos escribiendo y fortaleciéndonos como personas, como escritoras, como poetas y pensadoras, como ideólogas y activistas, como comunicadoras e informantes, al fin y al cabo como portadoras de un bien común como lo son las palabras estro-estimulantes. Rich nos dice: “Al contemplar la crítica literaria hecha por las feministas universitarias blancas, me sorprendo con frecuencia de la abundancia de lecturas sacadas de las obras de críticos blancos que se citan, y la frecuencia con la que aparece, al mismo tiempo, un tono defensivo, de necesitar argumentar con estos caballeros, de estar todavía enredadas, de alguna manera, en diálogos que sirven para aislar a la feminista como mujer más que para conectarla con una comunidad de mujeres más amplia. Puedo notar también una especie de tensión subterránea; la tensión de intentar llevar alta y con valentía la pancarta del feminismo en un contexto hostil. Conozco esta tensión dentro de mí muy bien, como mujer blanca y de clase media que vivió durante años en un contexto académico heterosexual. Es la tensión de intentar aunar las dos cosas, ser agradable y osada al mismo tiempo, la lucha de las mujeres cuota para no actuar como cuotas. No puedo evitar reconocer cuánto de esto he hecho yo misma, o soy capaz de hacer todavía”. Si extendemos el análisis que hace sobre la labor que desempeñan las feministas especializadas en el campo de la crítica literaria a cualquier otro campo del conocimiento, incluso si lo extendemos a todas aquellas actitudes y actos rutinarios que nos marcan (no sólo a quienes nos consideramos feministas) el ritmo diario en los pasillos y en las aulas de las universidades, podemos constatar que la academia, la universidad, es todavía para el movimiento feminista un espacio a conquistar en el sentido no de colonizar sino de seducir valiéndose si hace falta de los indomables dones que la inteligencia astuta nos ha concedido a quienes somos capaces de ver más allá del horizonte de la miopía generalizada, saltando los muros del sentido común patriarcal.
Ocurre que una entra en la academia con la cabeza poblada de luces, de motivos atrayentes y razones constatadas por la experiencia, y en la facultad corre el riesgo de ser sometida a un vaciado de cerebro, y de salir de allí pensando que la bombilla de la inteligencia humana está fundida y no responde a razones, ni a motivos, ni a motivaciones, y de que la verdad resbala por la azotea del mundo como agua sucia por las cañerías. En el aula, en ese espacio patriarcalmente ordenado, casi nadie se atreve a levantar la voz de un pensamiento crítico y disidente. Casi nadie desobedece al Gran Saber. El pensamiento crítico y disidente es malsonante y no luce como el bien vestido asentimiento y el bien educado conformismo. La tensión late desaforadamente cuando alguien se atreve a cuestionar el discurso desde la raíz. A mi siempre me ha latido el corazón como si fuera a salirse de su sitio cuando indignada con el Gran Saber proveniente del Gran Púlpito he querido opinar, protestar y decir: oiga usted, a mi no me sirve su discurso porque es producto de una mente hetero-patriarcal y mi código es otro, y no me reconozco en absoluto en ese espejo roto en el que mi imagen aparece deformada. Cuántas veces he tenido que sostener mi débil corazón con la mano para que su genio enfurecido no escupiera tanta rabia contenida. Cuantas veces he transformado la rabia en argumentos que sirvieran al menos para que alguien en el aula pudiera despertar del hastío intelectual gracias a mi empeño por expresarme tal y como soy, tal y como pienso.
Al igual que Rich quiero pedirle a la gente que se cruza, que diverge y converge en los pasillos y en las aulas de las universidades que considere el estudio y el trabajo intelectual como un recurso potencial y revolucionario que nos ayuda a todas a separar según frase de Lillian Smith, las palabras que nos encadenan de las que nos hacen libres. Que no compre sin criterio en el supermercado intelectual liberal, y que no acepte los parámetros de la investigación académica como algo que proporciona una visión esencialmente completa de las cosas. Según nuestra estimada poeta esto implica intentar desaprender deliberadamente la norma de la universalidad de lo blanco, que es la norma de la cultura de la academia y de la cultura dominante que hay más allá de ella; también, e igualmente, significa intentar desaprender la norma de la heterosexualidad universal. Significa que no atribuiremos a nuestro trabajo una capacidad de inclusión que no tiene, que no nos quedaremos satisfechas con el añadido ritual de un capítulo o un párrafo o una nota a pie de página aludiendo a mujeres negras y/o lesbianas. Y para terminar añade que desafiar la universalidad de lo blanco y de la heterosexualidad implica un proceso tan radical y asombroso como el que atravesamos al desafiar las prácticas y los valores patriarcales.
Estro-Estimulación. La expresión del Ideograma W contra el Sentido Común Patriarcal es en este sentido un trabajo que desde el lugar que yo he decidido ocupar en la academia, concretamente en la Universidad Pública Vasca, pretende contribuir a desenmascarar y a desarmar una lógica y un discurso que deforma nuestra propia imagen y hace que ideólogas, pensadoras, comunicadoras y poetas nos percibamos y seamos percibidas como si fuéramos ajenas al mundo y a nosotras mismas, como si fuéramos personajes sacados de una película de ficción. Como bien explica Adrienne Rich, algunas de nosotras estamos cada vez más preocupadas por la frustración de que se nos distancie como objetos, quizás, sin ser oídas –al menos de una manera que pueda conducir a la acción. Comparto las palabras de Rich cuando dice no estar convencida de que la poeta sepa necesariamente qué tipo de acción se necesita. De hecho, puede ser la acción la que nos lleve a la poesía, los actos a las palabras, cuando la poeta se identifica con otros y otras, iguales y diferentes a ella, que están intentando transformar un orden opresivo. En uno de los talleres de Las Mujeres de la Imprenta dos lesbianas blancas ciegas, una lesbiana de Puerto Rico, una lesbiana Negra y una lesbiana blanca de clase trabajadora hablaron de su deseo de verse reflejadas y encontrar mujeres como ellas en la literatura. Entonces empezaron a imaginar un lenguaje poético, un lenguaje para la prosa, que estuviera libre de estereotipos –la oscuridad o la claridad de la piel, la discapacidad o la edad, la imagen corporal- que estuviera más allá de una creación de imágenes helada, reductiva y repetitiva.
La red de comunicaciones para la supervivencia de nuestro movimiento es una red tejida para ser vista y palpada más allá de los límites del lenguaje oficial y académico, un lenguaje poblado de imágenes heladas, reductivas y repetitivas. El lenguaje poético debe ocupar el lugar que se merece en la academia porque la expresión de la poesía hace que nos comuniquemos desde ese otro espacio más íntimo, más profundo y más cercano a la verdad, un espacio de confianza donde la mutua seducción y el deseo común por saber y conocer activan el intelecto y nos proporcionan las materias primas necesarias para la producción de estro-estímulos. Que ocupen pues las musas las aulas y los pasillos de las universidades.
Ainhoa Güemes Moreno
<9>>> RICH, ADRIENNE. Sangre, pan y poesía; Hacia una crítica más feminista. Icaria, Barcelona, 2001.
Publicado < acto 7
http://ainhoaguemes.nireblog.com
ESTRO-ESTIMULACIÓN
la expresión del Ideograma W
contra el Sentido Común Patriarcal
un ensayo poético
un deseo hecho materia
un descubrimiento político y sexual
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esta es una obraal alcance de
quienes intercambiamos estímulos libremente
de quienes nos expresamos con códigos y señales abiertas
a continuación se presentan cada uno de los actos que la componen
y que serán expuestos en los próximos díasen la siguiente dirección:
http://ainhoaguemes.nireblog.com/
estais todas invitadas a mirar, a indagar, a cuestionar,...
>>>índice
{ la habitación de las granadas <<< acto 1
{ ideograma W <<< acto 2
{ escaleras al cielo? <<< acto 3
{ estro-estimulación <<< acto 4
{ hola, hay alguien
del género lesbiano por ahí? <<< acto 5
{ operación escorpión versus fusión <<< acto 6
{ polipoéticas en la academia <<< acto 7
{ bordear el río o detenerse <<< acto 8
{ poesía, píxeles y pasión <<< acto 9
{ televisión feminista la caja lista <<< acto 10
masterkas @ 11:54 Tags: estro-estimulacion investigacion

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